Sin Galeria, Lorena Ávila

Lorena Ávila

Fotógrafo

En la obra de Lorena Ávila se respiran indagaciones naturalistas y se siente un amor profundo hacia lo humano. La fotógrafa es una conocedora de rumbos distantes que abarcan desde el lejano oriente hasta nuestro continente. En sus obras, nos lleva de la mano de su mirada que, no se distrae en detalles, sino que se enfoca en la verdadera esencia de lo observado. Su paleta tiende más a lo oscuro y a las sombras, pero con la compañía de agudas y poderosas luces, quizás para acentuar la entereza y el valor de la realidad que fotografía, o más bien para resaltar el dramatismo propio de lo vivo, las geografías, las arquitecturas, las situaciones y las personas.En sus fotografías de la India apreciamos aquel misticismo milenario que fluye por el Ganges, se petrifica en el Taj Mahal, se vuelve misterioso en los templos, se pasea ruidosamente por los callejones de la ciudad azul, se ilumina en las vestimentas, se manifiesta en la sencillez y pervive en los rostros y en la piel de su gente. Esos gestos, de hombres y mujeres hindús, captados con su lente nos son comunes al alma por su inmensa belleza espiritual. Lo mismo con los niños, jóvenes y ancianos del Perú que, entre su humilde modo de vida, se asoma la ancestral civilización que alguna vez fueron; con sus ruinas sagradas, sus montañas mágicas, sus trajes típicos y sus tradiciones.En cuanto a sus paisajes naturales, destacan románticas escenas de bosques nevados, delicadas flores claras, agitados mares en la costa, abstracciones de rocas en la playa, claroscuros marinos, aguas caribeñas de jade y turquesa, crepúsculos a la orilla del océano, poesías de suelos helados, montañas de texturas frías, cantos de hielo y canciones de cascadas en medio de la taiga. Asimismo, cielos intergalácticos, polvo de estrellas, espejos que se extienden por el horizonte, soles de otros mundos, desiertos interplanetarios, gritos de minerales, aguas y sales de colores, relieves de tierras indómitas, arenas escurridizas, lagos de donde nacen arcoíris, ciénagas de ensueño y atmósferas lunares.Por último, su cámara inmortaliza monumentos icónicos y costumbres tanto de México como Japón. Del primero retrata celebraciones mortuorias, mitos indígenas de los volcanes y lugares divinos como Xochimilco con sus garzas. Del segundo rincones sacros perdidos en la vegetación, ciudadanos contemporáneos y usanzas antiguas. En ocasiones, las imágenes de Lorena Ávila parecen pintadas a mano, en otras superan a la realidad, no obstante nos irradian un sentimiento plácido de contemplación.Escríto por: Adriana Cantoral

ESTILO

La obra de Lorena se enfoca en la verdadera esencia de lo que observa, tiende más a lo oscuro y a las sombras, pero con la compañía de agudas y poderosas luces, resalta el dramatismo propio de lo vivo, las geografías, las arquitecturas, las situaciones y las personas.